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«Dios, quien es mi Libertador, estaba esperándome en Tulsa», dice el hermano Copeland cuando recuerda aquella experiencia que le cambió la vida. «Pero en vez de hacer caso al llamado de Dios y dirigirme al lugar donde me correspondía estar ━ donde estaba mi liberación, me fui en dirección contraria». |
Durante un tiempo el hermano Copeland trató de hacerlo a su manera, como el trabajar en una compañía de seguros, pero no lograba huir del llamado de Dios para su vida. No podía dejar de pensar: «No es aquí donde debo estar. Estoy en el lugar equivocado. No es esto a lo que debo dedicarme». Cada vez que oraba, Dios le decía: «Te quiero en Tulsa, Oklahoma, en la Universidad Oral Roberts [ORU por sus siglas en inglés]». Pero el hermano Copeland, a quien nunca le gustó ir la escuela, respondía: «¡Oh! No puedo hacer eso».
Luego, después de asistir a una campaña sobre el Espíritu Santo, en Houston, una persona se le acercó y le pidió que fuera el director de alabanza en su iglesia. Kenneth aceptó, aunque en su interior no dejaba de oír: ¡ORU! ¡ORU! ¡Tulsa! ¡ORU!
«Decidí que nos mudaríamos a Houston —dice Kenneth. Sabía que no era lo correcto».
El 31 de octubre de 1966, mientras conducía por la autopista 59, a la altura de Marshall, Texas, de camino para comenzar en ese trabajo, Kenneth y su familia tuvieron un accidente automovilístico. Su hijo pequeño, John, fue lanzado hacia delante, y se fracturó el brazo y algunas costillas. La cara de Gloria se estrelló contra el tablero. Kellie, también pequeña, salió ilesa, gracias a Dios.
«Si no hubiera sido por la gracia de Dios, nos hubiéramos matado todos», dijo Kenneth luego del accidente.
Sentado en una mecedora en el hospital, después del accidente, Kenneth oró en el espíritu, y se arrepintió ante Dios. Le confesó a Dios que estaba cansado de huir y que «ya llevaba demasiado tiempo siendo como un Jonás». Algo milagroso sucedió en su corazón, y Kenneth fue tocado por el Espíritu como nunca antes.
Como el auto de los Copeland quedó completamente destruido, los padres de Kenneth fueron a recogerlos al día siguiente y llevaron a la familia de regreso a Fort Worth. «Íbamos por la carretera», recuerda Kenneth, «y había un silencio total en ese auto. Yo iba orando, dando gracias a Dios que mi familia estaba viva».
De pronto, el padre de Kenneth rompió el silencio para decir que había recibido dos invitaciones adicionales para una reunión de socios del ministerio de Oral Roberts, y les preguntó a Kenneth y a Gloria si les interesaría ir. Kenneth preguntó: «¿Crees que dejaría pasar otra oportunidad de ir a Tulsa? ¡De ninguna manera!».
En aquella reunión, Oral Roberts impuso sus manos sobre Kenneth, y así nació la visión para los Ministerios Kenneth Copeland.